Opinión

GPS en el fútbol juvenil: datos para formar, límites para proteger

Un estudio con 11 futbolistas adolescentes y cuatro entrenadores en Turquía encontró experiencias mixtas con el GPS, asociadas a la forma de retroalimentar. Esta propuesta editorial plantea reglas de finalidad, acceso y participación para el seguimiento de menores, sin extrapolar el resultado a Colombia.

Equipo Pont3la10 ·

Ilustración conceptual de futbolistas jóvenes en una cancha con rutas de GPS y un límite visual de privacidad; generada con IA, no documental.
Ilustración editorial generada con IA. No es una fotografía documental del evento.Imagen generada con IA

Un GPS que registra cada sprint, cada desaceleración y cada zona del campo recorrida puede decirle a un entrenador si un juvenil de 16 años está listo para más carga. Pero el mismo dato, mal retroalimentado, puede convertirse en una tabla de comparación que el jugador siente como un juicio permanente. Esa dualidad no es una especulación: es lo que describieron once futbolistas de 15 a 18 años y cuatro entrenadores de nivel nacional entrevistados en un estudio cualitativo publicado en 2026 por Scientific Reports. El trabajo, realizado en Turquía, encontró que el monitoreo GPS funcionaba como un posible apoyo a la autonomía cuando la información se entregaba de forma formativa, pero también como fuente de presión psicológica por comparación social cuando el modo de retroalimentación enfatizaba el ranking frente a otros. La experiencia, concluyeron los autores, dependía de la etapa de desarrollo del atleta y de la manera en que el cuerpo técnico comunicaba los datos.

El estudio importa como una señal para abrir una conversación, no como una fotografía de Colombia. Sus 11 futbolistas y cuatro entrenadores participaron en Turquía, y el trabajo no calcula cuántas academias colombianas emplean GPS ni evalúa sensores de impactos craneales. No hay evidencia en el expediente para afirmar que el seguimiento esté extendido en el país. El argumento editorial puede partir de una pregunta concreta: si una institución decide recoger información de adolescentes, ¿puede explicar el propósito, los accesos y las consecuencias de cada medición antes de comenzar?

Los dispositivos tampoco recogen todos lo mismo. Algunos registran frecuencia cardíaca o sueño; otros, aceleraciones, ubicación o patrones de movimiento. La clasificación jurídica depende de qué dato se obtiene, si permite identificar a una persona y qué inferencias posibilita: no toda métrica deportiva es automáticamente un dato sensible. La Ley Estatutaria 1581 de 2012 sí incluye los datos relativos a la salud y los biométricos entre los datos sensibles, y ordena respetar los derechos prevalentes de niñas, niños y adolescentes. La Superintendencia de Industria y Comercio, en una orientación general, resume que el tratamiento excepcional de datos de menores debe responder al interés superior, respetar sus derechos y permitir que sean escuchados según su madurez y autonomía. La entidad no ha analizado un programa concreto de fútbol juvenil.

La pregunta que sigue es incómoda: ¿cuántos clubes en Colombia pueden explicar hoy, con claridad, para qué usan los datos, quién puede verlos, cuánto tiempo los guardan y qué pasa si un juvenil no quiere usar el dispositivo? La Ley 1581 exige autorización previa e informada y el deber de informar sobre finalidad y derechos, con particularidades para datos sensibles y de menores. Pero la firma de un representante legal no resuelve por sí sola el análisis: la norma también ordena que el tratamiento responda al interés superior del menor, no solo a la conveniencia competitiva de la institución.

Un estudio piloto publicado en JMIR Formative Research mostró que existen alternativas de diseño más respetuosas. En una investigación clínica con 34 deportistas escolares de 14 a 18 años en recuperación de conmoción cerebral o lesiones ortopédicas, la participación fue voluntaria, se obtuvo consentimiento de los participantes y de sus representantes legales, los datos se desidentificaron y el GPS se desactivó por defecto. Era un contexto clínico en Estados Unidos; no demuestra que los wearables prevengan lesiones y sus condiciones no son trasladables automáticamente. Pero ilustra un principio que las academias deberían adoptar: el seguimiento intensivo no puede ser la condición silenciosa para seguir en el equipo.

El riesgo de no poner límites no es abstracto. Un análisis académico publicado en 2025 en Frontiers in Sports and Active Living describe problemas de soberanía de datos en el deporte: almacenamiento fragmentado, procesamiento poco transparente y dificultades prácticas para que los atletas ejerzan control sobre su información. El artículo compara marcos y acuerdos fuera de Colombia, por lo que sus conclusiones no sustituyen una interpretación local de la Ley 1581. Aun así, su advertencia es pertinente: cuanto más se reparte la información entre aplicaciones, plataformas y proveedores, más difícil resulta saber quién la tiene y con qué fin.

La ética deportiva ya lleva años formulando estas preguntas. Un análisis en The American Journal of Bioethics sobre tecnologías ponibles en deportes universitarios identifica tensiones entre privacidad, confidencialidad, posibles conflictos de interés y consentimiento al recoger datos biométricos de estudiantes atletas. Sus autores distinguen los posibles beneficios para la salud y el entrenamiento de los riesgos de acceso indebido, reutilización comercial y presión institucional. Esa distinción es la que falta en muchos debates del fútbol juvenil, donde la conversación suele girar alrededor del rendimiento y no alrededor del joven que produce los datos.

La propuesta no es renunciar a la tecnología, sino ponerla al servicio de un proceso formativo transparente. Las academias y cuerpos técnicos deberían poder responder, antes de exigir seguimiento: qué finalidad concreta tiene el monitoreo, qué datos se recogen y por qué, quién puede acceder a ellos, cuánto tiempo se conservan, cómo se explicará la información al deportista y qué alternativa existe si el joven o su familia no desean participar. Si el objetivo es sanitario, que se separe de la selección, el rendimiento o la comercialización. Si es de rendimiento, que se declare y se limite. Si es comercial, que se haga explícito y se someta a autorización reforzada.

El estudio turco ofrece una advertencia final que conviene no ignorar. El GPS no fue intrínsecamente bueno ni malo para los futbolistas entrevistados: fue la manera de usarlo, la etapa de desarrollo y el modo de retroalimentación lo que definió si la herramienta empoderaba o presionaba. Eso desplaza la responsabilidad hacia los adultos que diseñan los programas. En un entorno donde un juvenil compite por un cupo, por una beca o por un primer contrato, el silencio institucional sobre los datos no es neutral: es una decisión que puede amplificar la asimetría entre el club y el menor. Los límites, en consecuencia, no son un freno a la innovación; son la condición para que la innovación no se haga a costa de quien apenas está empezando a decidir sobre su propio cuerpo y su futuro.

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