Tecnología deportiva
El fuera de juego semiautomático acelera la alerta, pero la palabra final sigue siendo del árbitro
La FIFA detalla cómo su tecnología semiautomática de fuera de juego combina seguimiento esquelético, datos del balón y escaneos 3D para asistir al VAR. El sistema acelera la detección, pero no resuelve por sí solo la interferencia en la jugada: la autoridad permanece en el árbitro, como lo confirma la Ley 5 de las Regl
La tecnología semiautomática de fuera de juego que la FIFA desplegó en el Mundial 2026 ha reabierto una pregunta que lleva años rondando el fútbol: ¿cuánto puede automatizarse una decisión arbitral sin que el juez central pierda el control del partido? La respuesta oficial, contenida en la documentación técnica de la FIFA y en las Reglas de Juego 2026/27, es contundente: el sistema acelera la detección y reduce el margen de error en la medición, pero no decide por sí solo. El árbitro conserva la autoridad final.
El sistema, denominado SAOT avanzado, combina cuatro elementos técnicos: seguimiento esquelético de los jugadores, datos del balón, calibración de la cancha y escaneos tridimensionales de los futbolistas. Esa combinación permite generar una alerta casi instantánea cuando un atacante se encuentra en posición prohibida en el momento del pase. La FIFA lo presenta como un apoyo al equipo arbitral, no como un sustituto.
El flujo de trabajo descrito por la FIFA mantiene a las personas en el centro de la decisión. Una vez el sistema identifica una posible posición de fuera de juego, los árbitros VAR validan dos elementos críticos: el punto exacto de golpeo del balón y la línea de fuera de juego. Solo después de esa validación humana se comunica la información al árbitro principal. En otras palabras, la máquina propone; el equipo arbitral dispone.
Esta división de tareas tiene una razón de fondo. La posición de fuera de juego es una cuestión geométrica que un sistema de cámaras y sensores puede resolver con precisión. Pero la interferencia en la jugada —si el atacante participa activamente, si obstruye la visión del arquero, si disputa el balón— es una interpretación de la regla que exige criterio humano. La tecnología no resuelve ese segundo paso; lo deja, deliberadamente, en manos del árbitro.
La Ley 5 de las Reglas de Juego 2026/27, publicada por The FA e IFAB, formaliza ese principio. Reconoce el uso de tecnología semiautomática como herramienta de apoyo para el arbitraje de fuera de juego, pero establece sin ambigüedad que la autoridad del partido permanece en el árbitro. Esa formulación no es casual: blinda el diseño institucional del arbitraje ante el avance tecnológico.
El despliegue del sistema en el Mundial 2026 implicó un volumen de datos inédito. Tom's Guide reportó el escaneo de más de 1.200 futbolistas para generar avatares digitales utilizados en el sistema semiautomatizado. Esos avatares, construidos a partir de escaneos tridimensionales, permiten al sistema reconstruir con precisión la posición de cada jugador en el campo en tiempo real.
El mismo medio describió otro uso de la inteligencia artificial en el torneo: la estabilización de imágenes subjetivas de los árbitros, es decir, el procesamiento de las tomas de cámara para reducir vibraciones y mejorar la claridad de las revisiones. Ese detalle ilustra un punto más amplio: la IA en el arbitraje no opera solo en la medición del fuera de juego, sino también en la calidad de las imágenes que los jueces revisan.
El contraste entre la documentación oficial y la cobertura mediática es instructivo. La FIFA evita el término "árbitro robot" y subraya el carácter semiautomático del sistema. Tom's Guide, en cambio, describe las herramientas de la FIFA y Lenovo como parte de un ecosistema de IA más amplio en el torneo. Ninguna de las dos fuentes afirma que el sistema tome decisiones de interferencia por sí solo.
La consecuencia práctica para el espectador es una revisión de fuera de juego más rápida y una línea de medición más precisa, pero sin una transferencia de autoridad. El árbitro sigue siendo quien sanciona o concede el gol. Lo que cambia es la velocidad y la exactitud con la que se le presenta la información. Para los equipos, eso reduce los tiempos muertos de revisión; para los jueces, alivia una tarea repetitiva y propensa a error humano.
El caso del SAOT avanzado muestra cómo la regulación y la tecnología avanzan en paralelo. La FIFA desarrolla el sistema y, al mismo tiempo, el IFAB ajusta las reglas para delimitar su alcance. Esa sincronización no es un detalle técnico: define qué significa arbitrar en la era de los datos. La alerta es más rápida, la línea más fina, pero la decisión sigue siendo humana.
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